Nuestra Gastronomía


Ajopringue.

El ajo mataero o ajopringue es un plato típico de la cocina bonillera en particular y manchega en general, de esos que huelen a antaño y que no queremos que se pierda en el olvido. Típica de las épocas de matanza, los ingredientes básicos de esta receta son la miga de pan y el hígado de cerdo.

Los meses que van entre diciembre y febrero eran, en muchos pueblos manchegos y en el nuestro no podía ser menos, las épocas de matanza, donde se hacía una fiesta y se disfrutaba de los manjares del cerdo, que habían engordado el resto del año.

En El Bonillo durante la época de la matanza se preparaba un plato típico de la zona: el ajo mataero. Es un guiso contundente, de pastores, con un sabor potente y perfecto para el otoño.

Atascaburras.

El atascaburras (a veces denominado como ajo mortero o ajo arriero) es un plato castellano típico del invierno albaceteño, preferentemente cuando nieva. Es un plato tradicional de lugares fríos, que se suele comer cuando caen las primeras nieves de invierno; incluso se dice que para que salga bien bueno, debe usarse nieve derretida para cocerlo. Dicen los lugareños que como casi todos los platos de campo, es mejor no usar platos y comer directamente del mortero.

Cuentan que sus creadores fueron dos pastores que se quedaron aislados tras una nevada, y que sin otra posibilidad que añadir a un cocido nada más que unas patatas y unas espinas de bacalao, al ver que no era consistente vertieron el aceite de oliva y lo machacaron fuertemente para evitar las durezas de las espinas del bacalao. Tras comerlo dijeron a la comunidad que es una comida que `harta hasta las burras´ y se dice que de ahí le viene el nombre.

Se saben referencias escritas del plato desde el siglo XVII. Cuando un burro se queda atascado en el barro Manchego

Carne de Boda.

Comida típica de las bodas que se celebraban en El Bonillo, eran parte de un menú que se solía completar con migas con chocolate. Sus ingredientes son muy sencillos: carne de oveja, cabezas de ajo, laurel, vino, agua y aceite de oliva.

Una vez troceada la carne, se mezclan todos los ingredientes en una sartén grande y se cubre completamente con el vino y el agua. Se va haciendo a fuego lento, dándole vuelta con un cucharón cada cierto tiempo, hasta que la carne se desprende del hueso. Una vez ocurre esto, el plato está preparado.

Galianos.

Los gazpachos manchegos o Galianos </b>son un plato de La Mancha, consistente en un guiso caldoso servido caliente a base de trozos de torta cenceña manchega desmigada. El guiso está acompañado por carne de piezas menores como pueden ser conejo, pollo, liebre o perdiz. En algunas zonas se les añaden también setas.

Los gazpachos (nótese el plural) son un plato consistente; pastoril en su origen, pero sencillo de ingredientes. Aparece en el Quijote con el nombre de galianos. El empleo de la torta ázima, sin levadura, se debe a que admite una mayor absorción del caldo.

El modo tradicional es comerlo con cuchara sobre la torta, sin llegar a probar bocado de esta. En El Bonillo, la torta se parte en trozos pequeños dentro del caldo y se deja que éste se consuma.

Migas.

Migas ruleras (denominadas también migas manchegas) se trata de un tipo de migas muy habitual en la cocina castellana, concretamente de la comarca de La Mancha. Se trata de un plato de origen pastoril que fundamenta su elaboración en el aprovechamiento del pan que se endurecía fácilmente; para lograr que se ablande se mezclaba con otros ingredientes (generalmente de origen cárnico). La preparación hace que sea un plato nutritivo capaz de afrontar duros inviernos. Dada la alta cantidad de calorías que contiene, es aconsejable tomarlo en cantidades moderadas.

Las migas ruleras son un plato popular y muy sencillo a la hora de elaborar. Los componentes son muy variados y parten de un pan de centeno o de trigo desmigado y mezclado con chorizo picado, tocino de cerdo (a ser posible enteverado), jamón serrano picado, ajos, aceite de oliva. Todo ello se cocina en una sartén y se deja tostar ligeramente.

La base es el pan muy duro puesto en remojo bastante tiempo, dos o más horas, ajos, aceite de oliva, longaniza, tocino y otros ingredientes de cerdo. Se suele mezclar el pan remojado con un poco de harina. En el aceite donde se han frito los ajos y los `tropezones´ se echa la masa de pan remojado y escurrido, y a fuego lento se le va dando vueltas con la rasera hasta que quedan hechas (bien desmigadas) y `melosas´.

Se llaman ruleras porque una vez hechas ruedan por una superficie no muy inclinada, otros dicen que debido a la cantidad de vueltas que hay que darle. El truco es cocinarlas a fuego lento, tener mucha paciencia y darles muchas vueltas. Es común comerlas con alguna fruta como puede ser uvas, granada o melón.

Panecillos en duz.

Este postre es típico de la Semana Santa bonillera, acompañando platos tan típicos como el `potaje´ o el `bacalao frito´.

Su elaboración es relativamente sencilla: se mezcla pan rallado y huevo y se hace la masa. Se pone aceite de orujo en una sartén, y cuando el aceite está bien caliente, se van cogiendo trozos de la masa previamente preparada con una cuchara sopera y se van dorando.

En un recipiente aparte, se mezclan agua, azúcar, canela en rama, aceite de oliva y cáscara de naranja, dejando hervir durante aprox. 10 minutos.

Los panecillos fritos y dorados previamente se añaden al caldo resultante, teniendo que ser cubiertos por completo hasta que queden tiernos.